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| Foto: Wasanga.com |
Aquí muchos entran en pánico. Primero porque no saben lo que cobra el mercado. Los precios suelen no ser públicos y, además, los trabajos freelance son demasiado diversos y particulares como para poder estandarizarlos. El pánico crece aún más cuando pensamos en "cuánto creo que vale mi trabajo" porque la verdad es que no es algo que uno tenga definido desde siempre.
Otra posibilidad es tarificar la hora y calcular cuánto uno se demora en hacer algo.
En lo personal, ninguna de estas opciones me satisface. He llegado a la conclusión de que la mejor política es cobrar lo que uno quiere ganar por un determinado trabajo, pero ser flexible.
La flexibilidad es la clave porque el trabajo freelance suele no ser constante, por lo tanto hay muchas variables influyendo el momento de una cotización. Por ejemplo: ¿tengo más clientes en ese período o éste sería la único?, ¿estoy cagao de hambre o aún tengo reservas?, ¿me gusta hacer esa pega o justo es la peor del mundo?, etc.
El trabajo freelance suele ser un estilo de vida. Una forma tan integrada a cómo es y a lo que uno hace, que es esencial que aquello en lo que nos desarrollemos nos guste, nos apasione y nos inspire para crecer. Por eso mismo no podemos andar dejando al azar de terceros cuánto cobramos.
Ahora, tampoco es llegar y poner precios estúpidos, hay que tener las siguientes consideraciones:
1. Necesidad económica. No es un secreto que cuando uno necesita la plata está dispuesto a cobrar menos. Y no es malo. Asimismo cuando podemos prescindir de un cliente, le cobramos más dependiendo de los otros factores.
2. Nivel de satisfacción del trabajo. ¿Es tan bacán la pega que incluso la haría gratis? Evidentemente esto influye para que uno esté dispuesto a adaptarse a un presupuesto más bajo. O por el contrario, es una pega tan como el hoyo que sólo soy la haré por un precio altísimo que sé que está fuera de lo que el mercado paga normalmente, pero no me importa si no me la dan.
3. Beneficios extras. A lo mejor no es tan bien pagada, pero tiene ventajas. Por ejemplo, no tienes que verle la cara nunca al cliente porque todo se hace por mail. Eso bien vale recortar unos cuantos pesos. O te regalan cosas que corresponden a la producción de la empresa. Lo que sea.
4. Seguridad del freelanceo y pérdida del miedo a la falta de plata. Este factor es esencial. En el momento en que uno deja de tener miedo a estar fuera de los competidores por un cliente porque eres muy caro; todo empieza a salir mejor. Cuando ya estás cómodo con lo que has decidido cobrar y estás dispuesto a "perder" clientes porque no lo quieren pagar, ya has alcanzado la madurez tarifaria del freelanceo.
Y... ¿cuánto cobrar? Lamentablemente no hay una respuesta estándar a esta pregunta, sólo el consejo de no tenerle miedo a la plata. Ni a la falta de plata; y valorar las capacidades y la calidad del trabajo que uno realiza. Si sabemos que hacemos algo bien, pensemos en cuánto queremos ganar por eso (agregándole siempre 5 cucharaditas colmadas de sentido común) y tengamos confianza en que los clientes lo pagarán. Si a ese sistema le agregamos la "flexibilidad" con la que uno va evaluando cada proyecto; no te sentirás mal por este tema. No pensarás que estás cobrando menos ni que estás trabajando por bolas de dulces (que en cualquier caso son un trueque válido, ¿ok?).
